Sarai
Te has cansado de cientos de tardes,
en que muda
observas palidecer los dias.
Abrumada de quehaceres,
con esa roca a la espalda
que no impide,
que siempre sonriente y amorosa
esperes a tu amado:
-el señor de tu corazon-.
Su llegada alicaída y perezosa
No expresa gozo al mirarte.
Mas su presencia oxigena tus sienes,
Salta tu corazón como una gacela desabrida.
Sus ojos como fosas rojizas y cansadas,
están declarando silenciosos reclamos.
Un abrazo frio es la rutina.
Un vaso de agua fresca a la mesa,
panes,
Cordero asado,
Y amargo silencio.
¡Abram esta noche será distinta!
-basta de reclamar al cielo-,
-basta de quejas-,
-Sarai, ¡dicelo ya!
Aunque el se ria-.
“dice el angel del Señor, que para el proximo
año seremos tres!
Amado mio,
Saquemos vino nuevo,
Hoy es el dia de la promesa.
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